La habitación era pequeña y estaba vacía. Algunos muebles rellenaban los grandes huecos, pero no conseguían disimular los rincones vacíos, las grietas en las paredes, las goteras del techo...
Sentí una mezcla extraña al ver todo aquello:
Me sentí desolado por ver el vacío, por ver la realidad. Y al mismo tiempo me alegré de haberla visto, pues ahora puedo empezar a ponerle parches a mi corazón.
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