lunes, 27 de marzo de 2017

Mi corazón


La habitación era pequeña y estaba vacía. Algunos muebles rellenaban los grandes huecos, pero no conseguían disimular los rincones vacíos, las grietas en las paredes, las goteras del techo...
Sentí una mezcla extraña al ver todo aquello:
Me sentí desolado por ver el vacío, por ver la realidad. Y al mismo tiempo me alegré de haberla visto, pues ahora puedo empezar a ponerle parches a mi corazón.


Ojala fuera siempre así de fácil


Estaba solo en la pequeña habitación.
No tenía nada más que una cama, un escritorio pequeño, un armario y un lavabo. De las paredes colgaban únicamente una pequeñísima estantería y un crucifijo. No había absolutamente nada más. Podía recorrer la estancia a lo largo con tres zancadas, y a lo ancho apenas podía extender los brazos.
Pero no necesitaba nada más.

Ni televisión, ni aparatos tecnológicos, ni nada con lo que entretenerme. Nada más que yo, mi papel y mi boli; al encuentro de lo que sucediera. Y ciertamente no pasó nada especial: no tuve un gran encuentro con Dios, ni descubrí una nueva verdad teológica necesaria para el ser humano. No. Simplemente me di cuenta de que no se necesitan demasiadas cosas para ser feliz...


jueves, 23 de marzo de 2017

"Ojos"


Las gotas golpeaban el cristal con fuerza. Volaban descendentemente sin descanso, empujadas por el fuerte viento, hasta que se estrellaban directamente contra el cristal, fragmentandonse, rompiendose en decenas de gotas diminutas.

Un suave vaho empañaba el cristal, ese cristal que no podia dejar de mirar. Ese cristal que me mostraba el mundo exterior, con sus rayos de sol, con sus gotas de lluvia, con sus idas y venidas
Solo un mundo exterior, ajeno a todo lo que pasaba en el interior